Pensamientos de un Aventurero Cósmico.

miércoles, 28 de junio de 2006

Lemuria

Entre los pocos documentos escritos que quedan de los Mayas (los infames conquistadores españoles destruyeron unos cuantos, unos siglos atrás) aparecen menciones a un continente perdido en medio del pacífico. La causa de su desaparición se asocia a un cambio geológico, basado en el movimiento de placas tectónicas o bien debido a una intensa actividad volcánica, aunque estas teorías tienen numerosos detractores.

Durante su existencia, este mítico continente albergó a una civilización que ha sido, desde siempre, de interés para místicos y estudiosos de ciencias ocultas. Se cree que sus habitantes poseían poderes que las civilizaciones actuales no sólo han perdido, sino que incluso ignoran su potencial existencia.

Algunos escritos tamiles ---originarios de la India--- asocian Lemuria con un territorio mítico llamado Kumari Kandam; una isla sumergida en el mar del sur de la India.

Lemuria ha sido también fuente de inspiración para famosos escritores de todos los tiempos. Su carácter místico ha cautivado a grandes figuras como H.P. Lovecraft, entre otros. También se le ha dedicado alguna canción, como es el caso de "Lemuria", del grupo de metal Therion. El estribillo de esta canción dice lo siguiente:

When the sailman's sailing away
He shows that the dream of Lemuria is true
A land lost he will find again
Hear the call from the depth of the anemone song
Do you dare to enter the ship?
Hear the call from below of an underwater world
Land of Mu is close to the stars
In the arms of the sea you will live as hypnotized

Se dice de los habitantes de Lemuria que tenían la capacidad de transcender, de entrar en un estado de sabiduría suprema y de supresión total del dolor. La canción de Therion dice que el hallazgo de Lemuria no sucede sino dejándose llevar, tratando de alcanzar ese estado de éxtasis que los lemures conocían.

Habiendo existido o no, Lemuria nos deja un legado de gran valor. La habilidad de sus gentes para alcanzar un estado espiritualmente tan elevado se echa en falta en las sociedades actuales. Por una vida más plena y placentera Lemuria ha de resurgir de las profundidades marinas.

martes, 27 de junio de 2006

Mr. X

Seguramente todos habeis visto el capítulo de los Simpsons en el que Homer decide comprar un ordenador personal. En ese mismo capítulo, Homer crea una página web donde publica noticias fraudulentas. Al final, se mete con quien no debe (la industria farmacéutica) y misteriosamente va a parar a una extraña isla. Retenido allí, se encuentra con personas que poseen algún secreto que, si saliese a la luz, supondría el fin de muchos de los negocios más provechosos.

Mi intención no es la misma que la de nuestro entrañable personaje de animación. No pretendo inventarme cosas pero, de momento, tampoco puedo ofrecer más que conjeturas. No obstante, la teoría que a continuación presentaré será expuesta con inexactitud y muy poco rigor porque, de ser cierta, es probable que yo corra la misma suerte que nuestro amarillento amigo. Así, en ese fatídico caso, la verdad no será del todo silenciada; arriesgarse a saber más podría ser jugársela al doble o nada.

Dicho esto, procedo a exponer la teoría.

Es bien sabido que la industria farmacéutica es una de las más prósperas que hay sobre la faz de la Tierra. La venta de analgésicos, tales como la Aspirina, suponen un grueso del mercado de los medicamentos muy sustancioso. No cabe la menor duda de que hablamos de uno de sus productos estrella, pues están en todos los botiquines del mundo.

Su uso más extendido es el de aliviar el dolor de cabeza. El ajetreado ritmo de vida al que nos vemos expuestos día a día nos provoca muy frecuentemente esta dolencia, en ocasiones insoportable. Le echamos la culpa a todo; al trabajo, a los ruidos, a los cambios de temperatura, y no dudamos en dirigirnos al botiquin para coger un comprimido de ácido acetilsalicílico. Agradecidos, bendecimos una y otra vez ese corpúsculo cilíndrico y harinoso que nos alivia tan eficazmente.

Pero, por otra parte, las aspirinas no son todo bondades. Camuflan el dolor en lugar de solucionar el problema y son una bomba para el estómago. ¿Acaso no hay un remedio natural para eliminar el dolor de cabeza?

Los dolores de cabeza han sido, desde hace mucho, una excusa muy manida empleada por las féminas para eludir así la práctica del acto sexual cuando sus compañeros sentimentales lo desean hacer. Es preciso indicar ahora que la causa de tal muestra de frigidez es causada por la torpeza del varón a la hora de satisfacer a su pareja, pero lo que nos interesa es el pretexto. ¿Por qué se recurre a un dolor de cabeza (ficticio o no) para evitar la práctica sexual?

Un titular de la cadena ser afirma que según estudios científicos, los orgasmos son una medida muy eficaz para paliar los dolores de cabeza. El titular dice lo siguiente:
Un orgasmo equivale a dos aspirinas contra el dolor de cabeza.
Según científicos, se liberan las endorfinas, equivalente natural a los opiáceos.

Es decir, el cuerpo humano es capaz de sintetizar una sustancia natural capaz de solucionar el problema. El único requisito es tener un orgasmo, algo que está al alcance de todos (si se hacen bien las cosas). De repente, a la industria farmacéutica le surge un competidor muy serio; su producto es claramente mejor.

En vista de todo esto, resulta ahora que lo que era empleado como un pretexto para no hacer el amor ve ahora en el acto sexual su mejor solución. ¿Quién es el responsable de haber creado esa farsa? Tengo la hipótesis de se trata de un rumor difundido con éxito desde hace mucho tiempo, reforzado y mitificado de boca en boca, elevado a la categoría de leyenda. Es muy probable que las propiedades analgésicas del orgasmo fuesen conocidas desde la antigüedad, aunque a menudo tratadas como tema tabú.

Con la llegada de tiempos más liberales, donde la práctica del sexo por placer se disocia de lo maligno y lo incorrecto, este ancestral secreto corría el riesgo de salir a la luz. Por ende, la industria farmacéutica tomó cartas en el asunto, creando una conspiración contra el bien común que, con sutiles maniobras, logró convencer a las sociedades más industrializadas justamente de lo contrario: la práctica del sexo agudizaría el dolor de cabeza.

Finalmente, debemos recordar que para lograr con éxito que desaparezca el dolor de cabeza es necesario alcanzar el orgasmo. Esto puede parecer complicado pero no lo es en realidad si se poseen los conocimientos y la práctica necesarios. Así, en honor al buen hacer de las prácticas sexuales, resulta muy recomendable aprender lo que las culturas milenarias del todo mundo tienen que decir al respecto. A nadie le deberían extrañar los términos tantra o kamasutra, pero esos son temas que están fuera del alcance de este comunicado.

Como colofón, me gustaría añadir que la industria farmacéutica puede sacar buen partido de todas estas conclusiones. Confío en que sus directivos ya lo saben, y que no han de tardar en ver en todo esto nuevas posibilidades de negocio. A fin de cuentas, son ellos también quienes se ocupan de la venta de métodos anticonceptivos.

viernes, 23 de junio de 2006

Aquí no hay quien pille wifi

Todo era maravilloso y el sol lucía radiante en un cielo azul, los pájaros cantaban y las mariposas revoloteaban posándose en flores de vívidos colores, pobladoras de un verdescente prado.

Así de maravilloso era el mundo en el que vivíamos, en el cual, estuvieses donde estuvieses, podrías desplegar un ordenador portátil y beneficiarte de la augusta generosidad de los paisanos del lugar que, muy amablemente, optaban por compartir sus recursos de red inalámbrica con los bienvenidos viajeros.

La gente vivía bajo un clima de felicidad perenne, de infinita bonanza y amabilidad extrema. No había conflictos de ningún tipo. Todos eran muy amigos y se querían mucho.

Pero cierto día, el Señor del Mal hizo presencia en forma de señal de televisión y se materializó en las pantallas de las gentes en forma de serie televisiva de gran audiencia. "Aquí no hay quien viva", rezaba la sintonía del principio una y otra vez, mientras se sucedían los créditos de los infames participantes en aquella orgía de perversión y exaltación de los instintos más malvados e impuros que a la especie humana el devenir de los tiempos le ha ido inculcando.

Así, los guionistas de la endemoniada serie de televisión crearon con toda maldad un capítulo en el que se abordaba el tema de las redes "wifi", tan en boga en estos tiempos. El presidente de la comunidad de vecinos de la ficción era el poseedor de la infraestructura de red inalámbrica necesaria, y el resto de los vecinos ejercían con maestría el ancestral arte del parasitismo.

La reacción del susodicho presidente no pudo ser más trágica. Su conducta estaba sin duda coercionada por los dictados de ese evangelio maligno que las clases sociales dominantes han de difundir para perpetuar su supremacía: el concepto de propiedad privada. De este modo, la hasta entonces libremente accesible red inalámbrica comunitaria devenió en un lujo elitista destinado al disfrute único y exclusivo de su contratante. Una terrible contraseña, fiel símbolo de los más obscuros deseos e intenciones de quienes ocultan la verdad al prójimo, ponía en veda el tan anhelado recurso.

Y es así como el mal triunfa sobre el bien, cómo se impone la misantropía y el egoísmo ante el sano deseo de la libre comunicación entre hermanos. Se divulga así el erróneo concepto de que compartir es malo, haciendo una exaltación flagrante de la propiedad privada. Este golpe bajo constituye, sin duda, un acto de manipulación, digno de cualquiera de los régimenes dictatoriales que con innumerables manchas de sangre han salpicado la historia del pasado siglo XX.

En el cielo azul aparecieron nubes grises de tormenta, el frío invierno nuclear destruyó flora y fauna, y sobre los yermos parajes de marrón y gris ya no se oye a los pájaros cantar.

lunes, 19 de junio de 2006

Una de Punk-Rock

Una canción llamada "21st Century digital boy", del grupo Bad Religion, reza lo siguiente en su estribillo:

'Cause I'm a 21st Century digital boy,
I don't know how to live but I've got a lot of toys,
My daddy's a lazy middle class intellectual,
My mommy's on Valium, so ineffectual,
Ain't life a mystery?

Muy significativo. La canción habla de cómo en los tiempos que corren nos hacemos dependientes de la tecnología, que adormece nuestro instinto para vivir la vida tal y como se nos presenta. Por alguna razón, nos vemos cómodamente forzados a cubrir de papel celofán vivencias y sentimientos, y a asentir como borregos a todo lo que se nos diga. Tenemos fe ciega en iconos, marcas, emblemas, etc; y acabamos creyéndonos que todo eso nos dará la felicidad.

No obstante, la solución no está en acometer a todo eso. Otras cosas vendrán que nos causen esa misma sensación artificial. Ocurre siempre en la política: primero pensamos que los políticos han de solucionarnos la vida y, al ver que no lo hacen, nos enfadamos con ellos y creemos que su oposición lo hará mejor.

La solución está en uno mismo. Primer paso: el viaje interior. Bucea en tu mente en busca de tu verdadera esencia. Una vez que te conozcas mejor, sal a la calle. Y una vez que estés en contacto con el mundo, dedícate a observar. Observa y adáptate; vive en armonía con el universo. Simplemente no claudiques a las imposiciones del conformismo y haz uso de tu propio criterio.

domingo, 18 de junio de 2006

Buenos tiempos para la lírica

Un labriego con conocimientos de solfeo y buena mano para las notas destierra de las listas de los grandes éxitos a los niños pijos del karaoke glamuroso.

Al mismo tiempo, unos terribles monstruos a quienes en su tierra les habían dado la espalda vencen en un certamen que, año tras año, se fue tornando debate político.

Aparentemente, no hay manos lúgubres que desde la obscuridad manejen los hilos de la sociedad cual marionetas. Parece que esta vez los títeres no están a merced de un tirano que escribe guiones trágicos para sus representaciones. Se respira cierto aire de libertad y optimismo.

La rebelión de los 'pringaos'

(Obviamente, este mensaje está escrito en clave de humor. Por favor, que nadie se sienta ofendido por ello.)

¡Soy un puto genio!

Acabo de tener una idea a la que el calificativo 'maquiavélico' se le queda corto.

Resulta que tengo un vecino que siempre se está comprando cachivaches tecnológicos cada dos por tres, y que recurre siempre a mí para que se los instale y configure.

Hace un tiempo, este señor había adquirido un reproductor de DVD, y no dudó en ponerse en contacto conmigo para que le ayudase a instalarlo. Yo accedí de buena gana, bien porque es así mi carácter, bien porque supuse que sería una árdua tarea entender los tan crípticos manuales para una persona de su edad.

Al poco tiempo, mi vecino acudió a mí solicitando ayuda técnica de nuevo para que le conectase otro reproductor de DVD que acababa de comprar al televisor que tenía en el dormitorio. Y ya de paso, también conectar el DVD al vídeo que ya tenía desde hace tiempo para poder grabar las películas alquiladas en el videoclub en formato VHS. Yo accedí, como siempre suelo hacer, a instalarle todos sus aparatos con un augusto gesto de altruísmo y una radiante sonrisa.

Luego vino la cámara de vídeo y una serie de artilugios necesarios para poder registrar sus grabaciones domésticas en cintas VHS. A mí me gustaba 'trastear' con todos aquellos aparatos, conectarlos, hacer pruebas con ellos, etc. Mi vecino también lo pasaba bien viendo cómo yo jugueteaba con todas sus adquisiciones, en parte fascinado con mi dominio sobre todos ellos, pues la tecnología forma parte de mis quehaceres cotidianos y es de necesidad poseer cierta soltura en el manejo de ésta.

No fue necesario que transcurriese mucho tiempo desde aquel día para que mi vecino se presentase delante de mi puerta de nuevo para solicitar mi ayuda. ¿Qué nuevo artefacto habría adquirido mi vecino, adicto ya a los catálogos de las tiendas de electrónica de consumo? Esta vez era un grabador de DVD. Mi entrañable vecino quería ahora poder registrar sus grabaciones domésticas, sus programas de televisión favoritos y las películas del videoclub que más le gustaban con mayor calidad y en un formato que preservase prístina toda su videoteca.

No obstante, mi entusiasmo ya no era el de antaño, cuando pensaba en lo bonito que era ayudar al prójimo y disfrutar con éste de las bondades de los avances tecnológicos. Ahora ya empezaba a estar harto de que viniese este señor a pedirme que le conectase todos los nuevos aparatos que iba comprando a los que ya tenía. O si no se trataba de añadir un aparato nuevo a la colección, era porque quería una nueva configuración de los que ya tenía; el vídeo del salón mejor en el dormitorio, el DVD de la cocina en el baño, etc. Me había convertido en su 'pringao' particular.

De poco servía explicarle cómo se navegaba por los menúes de configuración o cómo debía conectar los aparatos. No es fácil explicarle eso a una persona a la que los tecnicismos se le quedan grandes. La creciente maraña de cables euroconectores, cables de audio, fibras ópticas, coaxiales y enchufes a la red eléctrica hacía cada vez más complicado encontrar la causa de que alguna de sus criaturas tecnológicas no funcionase según lo esperado. En alguna ocasión, me veía obligado a responder con un "eso que me pides es imposible de hacer", o un "pues no sé que es lo que falla aquí", o un "tal vez esté estropeado".

Y ahora, mientras me hallo sumido en la más terrible de mis pesadillas, cautivado por la abismal oscuridad del no saber cómo librarse de este calvario, un rayo de luz me ilumina y me ofrece la bien merecida recompensa a todo mi poco gratificado esfuerzo:

Convenceré a mi vecino para que se compre un ordenador.

Puede parecer una locura, lo admito, pero no por ello deja de ser un buen plan. Es cierto que me espera la peor de las maldiciones que le pueden caer a un tecnócrata, pero es por la consecución de un bien mayor. Tendré que lidiar con los cederrones de instalación de drivers, aplicaciones y demás suplicios que todo aquel medianamente experimentado usuario de ordenador bien conoce por padecimiento propio. Seguramente me pase tardes enteras en casa de mi vecino para explicarle paso a paso cómo se escriben documentos, cómo se visualizan fotos y vídeos, cómo se reproduce música, etc.

Pero todo ese sufrimiento es muy necesario para poder efectuar la segunda parte de mi plan, que consiste en convencer de nuevo a mi vecino para que contrate una ADSL de alta velocidad con router inalámbrico. Obviamente seré yo también quien tenga que configurarle la red y el router, que astutamente dejaré sin contraseña "para que mi vecino no se líe y le resulte más fácil conectarse" (sonrisa malvada).

A partir de ese momento, podré gozar de un acceso a Internet bastante rápido y sin pagar un duro. Confío en que desde mi casa se reciba con calidad la señal del router del vecino. Bueno, creo que me lo he ganado; son mis honorarios por ejercer de 'pringao'. ¡Salud!

miércoles, 14 de junio de 2006

LINGOT


Aprovecho este espacio para publicitar un maravilloso programa para afinar instrumentos musicales. Su nombre es lingot, es software libre, y funciona de vicio.

Se trata de una aplicación para GNU/Linux ---de momento sólo está disponible para esa plataforma--- que muestrea la señal de audio capturada por la tarjeta del sonido del PC, la analiza y muestra por pantalla la nota más próxima, la frecuencia y el error. Todo esto de la forma más sencilla y elegante.

Este programa será incluido en Debian (de momento, está dentro de la rama 'unstable'). Para quienes quieran saber más, sólo tienen que seguir el siguiente enlace: http://www.nongnu.org/lingot/.