Pensamientos de un Aventurero Cósmico.

Mostrando entradas con la etiqueta amor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta amor. Mostrar todas las entradas

martes, 23 de junio de 2009

Paraíso

Sea esta Magia la que nos haga ascender al seno de la Diosa, donde sólo el amor puro y sincero tiene cabida. Sin trabas, sin obstáculos, sin engaños ni decepciones: sin miedos.
Cruzamos mares, valles y montañas para llegar hasta allí: un lugar escondido al que sólo se puede llegar cuando de corazón se desea estar allí. Ese lugar, secreto y mágico, es nuestro trocito de paraíso; aquí, en la Tierra, en nuestras vidas. Siguiendo las señales que nuestro agudizado instinto es capaz de reconocer, llegamos.

Ese paraje bendito es en verdad obsequio para aquellos que se aceptan tal como son y se aman. Atrás se quedan la fachada, el prejuicio y la vergüenza. Allí afloran las emociones de quienes van, bañándose en luz y mar.

Este edén existe para honrar a la vida. De finísima y blanca arena son sus orillas, de piedra y árboles sus colinas. Y su apogeo acontece al atardecer, cuando sus montañas ocultan al sol para dar la bienvenida a una suave y placentera noche estival.

viernes, 13 de marzo de 2009

La amante del Joker

Tú y yo, unidos en un viaje de caótica decadencia. Así juramos amarnos, hasta el fin, hasta la destrucción total. En aquella noche de densa penumbra, mientras devoraba el veneno de tus labios, te hacía esclava de mi maldición. Quisiste eso; abriste la puerta que te llevaría hasta mi mundo tenebroso y atravesaste el umbral, sin dudarlo.

Caos. La gente entra en pánico con tan solo oír esa palabra. Estúpidos. El caos es inevitable, ineludible; finalmente arrasará vuestras vidas, vuestros hogares, vuestros hábitos y costumbres, vuestras creencias... El caos prevalecerá y yo ya lo he asumido. Muchos tormentos os ahorraríais si adoptaseis actitud tan sensata como la mía. Pero me llamáis loco y me dais la espalda cuando os hablo. Allá vosotros, pues, queriendo negar lo inminente. ¿Acaso no está escrito y no ha sido predicado por miles de profetas? ¿No se han promulgado acaso leyes físicas honorando al desorden? ¿No es cierto que moriréis, convirtiéndoos en un polvo blancuzco, gris; dejando atrás todo cuanto construisteis con el sudor de vuestra frente, consumiéndose poco a poco con el paso del tiempo? Intentáis mantener el orden y la estructura de las cosas que decís amar, pero el implacable paso del tiempo acabará por corroer hasta vuestras almas.

Sabías a lo que te exponías, pero te armaste de valor y quisiste venir a mí, abrazarme, entregarte. Admiro tu coraje; poca gente goza de una determinación así y menos son aún los que con tan ardiente pasión se enfrentan a lo desconocido. A pesar de intuir nuestro trágico final decidiste amar, amar apasionadamente y sin control. Única en tu especie. Admiro eso. Por mi parte, te correspondí como mejor pude; eso y más merecías por tu decidida entrega.

Nada me gustaba más que sentir tu corazón latir con fuerza, enfrentado a la incertidumbre, cada vez que te llevaba a un nuevo lugar, escenario de una nueva aventura llena de sobresaltos y placeres. Allá íbamos los dos, en pleno trance hipnótico. Rompiendo las reglas, sintiendo el peligro. Devotos de la lujuria. Verdaderamente vivos. Insurrectos en una sociedad adormecida de amilanados espíritus, obedientes y sumisos. Herejes de un culto a la costumbre y a la tradición. Vagábamos por las calles de una ciudad eternamente nocturna, con todos sus impecables ciudadanos dormidos.

Pero hoy debemos ponerle fin a nuestras andanzas, amada mía. Hoy es el día de nuestro trágico final, día en que nuestro romance perdurará inmortal en las memorias de las personas. Antes de que nuestros corazones se vuelvan de piedra, deslicemos a través de éstos los afilados cuchillos de nuestras mentiras y engaños. Bañémonos en nuestra propia sangre, derramada aquí y ahora.

Puedes huir también, si quieres. Yo no te lo impido. La decisión es tuya; pero las consecuencias no. Tu alma ya ha elegido quedarse: su lugar está aquí. ¿Qué va a pasar? No lo sé: es el caos. El caos lo dominará todo, ejerciendo como un déspota su criterio sin criterio. La suerte está echada.

sábado, 6 de diciembre de 2008

Désenchantée

Has escrito mil líneas en mi diario. Ahora esas líneas lloran por tu ausencia y gritan al sentirse abandonadas, sucias, mentirosas.
Será que nos hacemos viejos. Será que con el tiempo uno gana experiencia y los misterios de la vida dejan de serlo. Ya nada nos sorprende. Será que te veo venir y ya sé lo que quieres lo que me vas a decir y yo ya sé qué respuesta darte. Será que se ha muerto algo dentro de mí, algo que antaño me hacía vibrar de pasión. Ahora no. Ahora es como una roca; al menos pesa como tal dentro de mi pecho. Será que todo ha perdido su encanto, al menos para mí.

Creo que algo he hecho mal, que cometí un error. En su día fue una solución realmente eficaz para superar mis penas, para aliviar mis tormentos. Para superar el que te hubieras ido. Sí, funcionó. Alimenté a mi ego, haciéndolo crecer hasta que se convirtiese en una bestia despiadada y sanguinaria. Fue él quien luego me enseñó a odiarte, a menospreciarte. Tal vez era lo que te merecías, pero eso no importa ahora.

Sentía su furia en mi interior, quemándolo todo: quemándome. Aprendí demasiadas cosas de él. En realidad fue él quien se afanó en enseñarme toda esa basura, toda esa ideología del odio y del rencor. Dejé de sufrir. Dejé de sentir.

No tardé en darme cuenta de que mi ego me tenía dominado. Estaba perdido. Era él quien gobernaba todo mi ser, obligándome a desconfiar siempre, prohibiéndome tocar el suave terciopelo rojo que viste a la Pasión. Vendaba mis ojos cada vez que yo quería ver algún paisaje hermoso o contemplar fascinado el atardecer. Sellaba mis oídos para que ninguna canción pudiese emocionarme. Congestionaba mi olfato para que jamás me deleitase con el perfume de una flor. Me tenía a su merced.

No sabía ya cómo liberarme de ese presidio. Siempre que intentaba algo, a escondidas, actuando por sorpresa y dejándome llevar; no tardaba en venir raudo a recriminarme mi falta de sensatez. Todo lo tasaba así: por su sensatez, por su cordura. Era esa su unidad de medida para todo. Y yo quería, inconscientemente, hacer locuras. Locuras como las que hice antaño, cuando era libre. Locuras como las que algún día haré, alegre y satisfecho.

Sin embargo, algo he descubierto hace poco: he dado con su debilidad. Sí, ese ser tan rígido e implacable que me domina tiene un interesante punto débil. El otro día le conté un chiste y no sólo no se rió; sentí cómo se enojaba, como se retorcía de dolor, como vomitaba sangre. Le hago víctima de mis bromas y veo como se debilita, aunque a mí también me duele. Pero algo es algo.

Reconfortado por mi hallazgo inspiro profundamente y noto el olor de las rosas. Su delicioso aroma evoca mil recuerdos apasionados. Puertas llenas de misterio se abren, cantos de sirena me seducen; voy hacia lo desconocido, otra vez.

lunes, 18 de agosto de 2008

Amor libre

(Dedicado a E., cuyas sencillez y simpatía siguen levantando pasiones aún a día de hoy.)

Alguien dijo una vez: «si quieres algo, déjalo libre: si vuelve a ti es porque es tuyo; si no, es que nunca lo ha sido». Pocas veces se le hace caso a tan sabio consejo.

Las personas que no saben amar son las que intentan poseer, poseer a la persona. Con alhajas compran su cautiverio; con celos y desconfianza cercan su libertad. Jamás podrían ceder un ápice en su postura de dominio, por temor a perder aquello que con vehemencia afirman querer tanto. Pero, ¿por qué temer? Se teme porque se es incapaz de amar: porque se desconfía. ¿Y por qué desconfiar?

La vida de las personas es como un río, y a ese río a veces se le construyen presas y embalses para retener su caudal. Si la presa no se abre, el agua almacenada acabará desbordando o reventando el muro de la presa. Ese agua simboliza los anhelos de las personas y, al igual que hay ríos más o menos caudalosos, hay personas con grandes deseos para la vida y personas de actitud más conformista. Retener ese imparable caudal implica que, tarde o temprano, la presa romperá. Inhibir los anhelos conlleva a que, tarde o temprano, éstos afloren en una explosión de sentimientos y actos que bien pueden echar por tierra los intereses de aquellos que buscan controlar las vidas ajenas para un mayor éxito en las suyas. Es normal desconfiar en ese caso.

Y a toda esa gente odiosa yo les miro a la cara y me burlo de ellos. Y grito: «¡Que llueva, que llueva!». Lluevan mil mares para que los ríos de las personas crezcan desmesuradamente, rompan sus presas y aneguen sus poblados de avaricia. Y que la avalancha de lodo cubra sus cabezas, para que no vean a donde se va su amor perseguido, movido éste por una impetuosa corriente de deseo.

Yo me uno a ese imparable avance de aguas turbias hacia el océano, donde todos los amantes nos encontraremos; libres para amar, para amar libremente. El agua que fuimos y que ahora forma parte de otro río volverá a nosotros, porque libre es y libre fluye por la tierra.

domingo, 3 de agosto de 2008

Kuden 0

(Dedicado con mucho cariño a A.R.N.G., por todo lo que me ha enseñado.)

Cuando se ama de verdad no se atiende a posesiones, no hay «tuyo» ni «mío»; sólo hay amor. Alguien me dijo eso una vez y pude comprobar mediante la práctica que se trata de algo muy cierto y maravilloso. Cuando se ama a una persona (amigo, familia o amante) simplemente se ama: se le aprecia, se desea estar con esa persona, se le adora, se le respeta; existe mutualidad y complicidad, se es uno solo y se fulminan las diferencias.

Las relaciones amorosas muchas veces violan este precepto, tan deseable y puro. Se impone despóticamente la negación de toda relación externa a la pareja; se exige exclusividad y reserva máxima. Para más inri, existe también la desconfianza del uno hacia el otro sobre lo que se hace o con quién se está en todo momento. Afloran los celos, que son un subproducto del miedo; del miedo a perder a la pareja porque ésta se vaya con otra persona. Comienza entonces la guerra: las discusiones, las amenazas y las peleas; los engaños y las traiciones.

Ocurrió una vez que invité a una amiga a bailar, simplemente para pasar un buen rato y disfrutar de la música y la buena compañía. Aquella noche bailamos algunas canciones y conversamos, nada más que eso. No obstante, su teléfono móvil sonó varias veces esa noche: era su novio en una actitud bastante celosa y preocupada por el paradero de su «posesión». ¡Yo bailo con muchas amigas cada fin de semana y no veo que sus novios, amantes o maridos las intenten controlar de esa manera! Será que éstos realmente confían en sus parejas y no ven nada malo en que ellas se diviertan a su manera, haciendo algo que les gusta. Se ve que unos y otras tienen bien claro con quien quieren estar y no temen perder así a sus parejas.

Por desgracia tengo presenciado a lo largo de mi vida algunas actuaciones tan posesivas y celosas como la de este individuo. Y en todos los casos se percibe la misma sensación de inseguridad, de falta de autoestima y de cobardía por parte de ellos. Son cobardes porque temen a la vida y al amor. ¡Pobres infelices! No saben amar, saben tan solo poseer. Y gastan enormes esfuerzos en preservar su «patrimonio», su «posesión». Yo les digo: puedes intentar comprar su bienestar con alhajas, puedes satisfacer sus caprichos materiales y arrastrarla a una vida de lujo y consumismo pensando que así será tuya siempre; pero para una mujer todo eso es banal en comparación con la libertad para vivir su vida a su manera, sin rendirle cuentas a nadie. Amar no es retener. Amar es aceptar a la persona amada con todas sus consecuencias.

martes, 5 de junio de 2007

Cupido entra en Matrix

Aún hace poco vi por enésima vez la película Matrix, y pensando que ya conocía todos los recovecos de su argumento —así como sus respectivos significados— me quedé gratamente sorprendido al descubrir un nuevo matiz que había pasado para mí desapercibido durante todo este tiempo, desde que la estrenaron en 1999.

Lejos del evidente interés comercial que dicho largometraje cobija tras todo ese alarde de efectos especiales, obscuros ropajes y música tecno-industrial, la obra a la que aquí rindo homenaje constituye para mí todo un tratado de filosofía. Es obvio que durante toda la película se reitera una y otra vez el mensaje «conócete a ti mismo»; esto no supone ninguna novedad, al menos no para mí. Pero en esta última ocasión en la que la vi he recabado un nuevo e interesante concepto que procedo a detallar.

Un aspecto del film que siempre tuve en muy escasa consideración es el relativo al enamoramiento de Trinity hacia Neo, por parecerme totalmente accesorio y propio de un sentimentalismo barato. Mas ahora opino que ese es un detalle crucial e imprescindible.

En la vida, el amor juega un papel muy importante, no sólo al nivel de la atracción física, sino también en los niveles espiritual y «divino» —por llamarle de alguna forma, con una fugaz visión del Tantra en mi mente—. Por esta razón existe ese enamoramiento hacia el Elegido, porque éste es el único capaz de corresponderle para finalmente lograr así los dos juntos la maravilla de la perpetuación de la especie humana.

El amor consiste esencialmente en «dar», en brindarle a la persona querida el cariño y la comprensión que el resto del mundo no puede ofrecerle, como una suerte de complicidad —inimitable por los que no aman— que guiará a los amantes hacia la felicidad —esto es, la ausencia de toda pena—. Dicha complicidad será el nido para el milagro de la creación de la vida, desde la procreación hasta la adecuada educación de los descendientes. Es por ésto que debe existir esa compenetración, que comienza con un ejercicio de autoconocimiento que luego se extiende a continuación al otro individuo.

En Matrix insisten mucho en el asunto del autoconocimiento —existiendo una analogía entre la película y el Mito de la Caverna de Platón—, extendiéndolo luego al terreno amoroso. El enamoramiento de Trinity no se ve en un principio correspondido, pues el sentimiento recíproco se halla aún aletargado en el incrédulo Neo. Mas cuando éste comienza a creer en su potencial —y, por ende, a actuar como el Elegido— el amor surge y se produce el milagro (literalmente, además).

No obstante, no debemos olvidar que esto es una película y que, en general, la vida real puede diferir mucho de este «cuento de hadas». Sirva, de todos modos, la magnífica historia futurista de la película para inspirarnos en la búsqueda del amor. Así, para alcanzar el Amor Verdadero es preciso satisfacer tres requisitos que tienen sus correspondencias con los distintos niveles a los que opera tan noble sentimiento (de acuerdo con el concepto del Amor Platónico): físico, espiritual y, por último, de la belleza en sí misma. Esta idea exige que la pareja alcance un nivel de sabiduría adecuado —necesario para saber sopesar los duros embates de la vida— y que goce de una buena salud, amén de un vívido amor propio y una gran autoestima por parte de cada individuo. Son éstas condiciones indispensables para que una pareja que se ama pueda proyectar toda su esencia divina —fruto de su amor— en sus vástagos.