Pensamientos de un Aventurero Cósmico.

martes, 20 de noviembre de 2007

Sin retorno (II)

A los ojos del profano, el mundo de la noche es tan solo oscuridad. Pero si uno vence el miedo y se adentra en la penumbra descubre una abundante variedad de matices que harán de su incursión la experiencia más enriquecedora y fascinante de su vida. Esta oscuridad no es más que una sensación transitoria y engañosa que da paso a la más auténtica forma de percibir la realidad del mundo: una realidad subjetiva, no convencional y cambiante.

Esta percepción subjetiva es la que emana de nuestro intelecto a partir de las sensaciones experimentadas. Dichas sensaciones son novedosas, nada convencionales; aportan detalles cada vez más sutiles y refinados. El proceso de observación se halla ahora en una situación kafkiana, desconcertante a causa de la penumbra que absorbe colores y formas. El proceso de la percepción debe adaptarse a su nuevo entorno para que, con ingenio, pueda extraer de éste tanta información como sea posible. Se rompen aquí los ideales impuestos por el sistema educativo y la cultura; es hora de forjar unos nuevos, hechos a medida.

Ya no importa la forma, importa el concepto. La forma no es estática, cambia con el tiempo. El concepto ya contemplaba ese cambio, prediciéndolo. El mundo y el individuo están inmersos en un proceso de cambio continuo. Carece de sentido basar el conocimiento en imágenes estáticas, por muy precisas que éstas sean. Ha de buscarse, en cambio, la idea que subyace tras lo observado, tras lo cambiante.

lunes, 19 de noviembre de 2007

Sin retorno (I)

Vivir es recorrer la senda de nuestra propia existencia. Mi camino es sinuoso y transcurre, las más de las veces, por terrenos baldíos, inertes. Mi realidad es lo que yo percibo y lo que yo creo usando mi imaginación: mi mundo en ruinas poblado por hadas nocturnas y melancólicas. Mi realidad es subjetiva, es el fruto de mi experiencia. Lo que sé acerca del «mundo real» es que éste es tan solo una idea, un concepto hospedado en mi mente.

Mi visión del mundo tiene mucho que ver con la que experimentó ese prisionero que huyó de la caverna; aquel individuo que, junto con sus compañeros de presidio, sólo podía observar las sombras que el fuego proyectaba en la pared. Eso era todo lo que observaba: un teatro de sombras chinescas; agradable espectáculo. Pero ocurrió —quién sabe por qué— que en su cabeza se engendró la duda acerca de si lo que observaba era real. A partir de ahí, comenzó su lucha, su camino hacia la sabiduría, su infinita pugna contra el convencionalismo.

Mi camino comienza al atardecer; si el prisionero tenía que luchar contra la luz del sol en su viaje hacia la verdad, ¿por qué no prescindir de esa dificultad innecesaria? La oscuridad del crepúsculo me facilita enormemente la tarea de apreciación de la realidad. La noche se abre camino en el firmamento y la claridad del día se desvanece. Al mismo tiempo, mis pupilas se adaptan a la oscuridad, permitiéndome apreciar todos los matices de negro existentes, más de los que uno se puede imaginar. Es ese color maldito, atribuido siempre a lo trágico y a lo funesto, el que ahora perfila ese mundo de ideas desconocidas, esa realidad, esa verdad en estado puro.

lunes, 12 de noviembre de 2007

Sin tregua

La última guerra acaba de estallar. Última porque ya no vendrá otra; ésta no tendrá fin. ¡Sálvese quién pueda! Ha ocurrido porque el ambiente era irrespirable, de crispación constante: el conflicto era inminente. El mundo entero estaba agitado, caliente, enervado, rabioso. El último reducto de paz en la Tierra desapareció, desintegrándose en medio de la tormenta.

Ya no hay esperanza. Carece de sentido plantearse qué hacer en el futuro. Viviremos, de ahora en adelante, cada día como si fuera el último de nuestras vidas. En realidad, podría tratarse éste del último día de nuestras vidas. Aún cuando reina la calma —aparente, por supuesto— la preocupación se respira en el aire, pues en cualquier momento puede aparecer la bala, la flecha o el rayo que nos fulmine.

Los únicos buenos momentos que toca vivir ahora son los proporcionados por la satisfacción de abatir al enemigo, de causarle una baja más, de saquear sus propiedades y de conquistar su territorio. Es una alegría pasajera, pues todo eso así obtenido se desvanecerá rápidamente. Nada permanece en su sitio. Es el caos.

Tan solo cabe esperar, sin prisas, por la única cosa de la que tenemos certeza absoluta de que va a ocurrir: nuestra propia muerte. No buscamos la muerte biológica, sino la extinción de nuestra propia alma. Buscamos alcanzar el nirvana, reiniciar el ciclo; para renacer como una nueva humanidad, mejorada y superior.

lunes, 15 de octubre de 2007

Locura

Habiendo bebido la sangre de algún dios maldito experimento en estos días últimos de sufrimiento el proceso de transformación voraz que perturba mis entrañas. Siento la presión en mis venas, a punto éstas de estallar; siento los latidos, unos mil por minuto.

El cielo azul tornose esta mañana del color de la sangre; y el sol perdió su brillo por un momento, eclipsado, encerrado en una esfera negra y opaca de la que pretendía salir forcejeando con sus rayos prisioneros. Yo, mientras tanto, permanecía petrificado ante aquella mirada negra que atravesaba mi alma. Penetrante y fugaz, aquel cuchillo invisible que salía de sus ojos diseccionaba todo mi ser. Oh, Kali obscura.

Vino después la tarde, o la noche, ¿quién sabe? Todo a mi alrededor ardía con los cobrizos rayos de un sol crecido y furioso; devastador. Trágico paisaje. Desoladora visión. La gente se agolpaba a mi alrededor, corriendo sin cesar, gritando. Yo apenas sentía el calor del fuego que abrasaba mi piel; sólo sentía la corrosiva ausencia de aquello que da sentido a mi vida: mi dulce droga, mi suave bálsamo. Necesité un trago.

Habiendo bebido la sangre de algún dios maldito comprendo en estos últimos días de terrible soledad el elevado precio de la búsqueda de la verdad. Demasiado tarde para volver atrás. Ya sé demasiadas cosas como para cancelarlo todo y hacer como que me he olvidado de todo. No puedo fingir, no sé fingir.

Desde mi butaca puedo ver como el ilusionista introduce el conejo en la chistera, mientras cuenta chistes y charla con el público. ¡Chistoso charlatán! Se acabó para mí la magia en este patético espectáculo, aunque lo cierto es que se trata de un truco imposible: el conejo nunca existió. Por suerte, puedo calmar mi pertinaz preocupación al mismo tiempo que la sequedad de mi garganta. Oh, maldita adicción.

Habiendo bebido la sangre de algún dios maldito resuelvo, hoy, poner fin a esta pesadilla. Siento ya como todo en mi interior se apacigua. El proceso de transformación se detiene, se aletarga, se pospone indefinidamente. Me entra el sueño. Cierro los ojos. Descanso.

viernes, 28 de septiembre de 2007

Las distancias cortas

¿Qué es la distancia? Nada. La distancia es el vacío, tan sólo un artificio matemático ideado para cuantificar la separación de las cosas. La distancia existe en nuestra mente —al igual que, por ejemplo, los intervalos de tiempo— para marcar la diferencia, la desunión. De todos modos, podemos distinguir entre largas distancias y distancias cortas.

De las distancias más largas poco tengo que decir. Éstas pertenecen a órdenes de magnitud tan grandes que, para mí y a efectos de lo que quiero contar, se fusionan en uno solo: el de lo inexistente, el de lo inalcanzable. Las distancias verdaderamente interesantes son las cortas, las que propician toda clase de acontecimientos. Nótese que hablo de distancias en un sentido más amplio al de la medición de longitudes; distancia es, de este modo, la falta de conexión entre dos cosas, el hecho de que nada las relacione. Así, es distancia pequeña aquella que permite conectar un eslabón con el siguiente en la cadena de la causalidad. Distancias pequeñas: proximidad, acercamiento, consecución.

Desde este punto de vista, lo más conveniente es siempre atender al pequeño paso, que por pequeño que sea, es el que comienza la larga travesía. Un décimo piso es una altura inalcanzable para una persona situada en la calle, al pie del edificio, sin la ayuda de una escalera: una serie de peldaños, de pequeñas distancias. ¡Rindamos homenaje al infinitésimo que hace posible la continuidad! ¡Que la decisión inmediata, tomada en tiempo presente, sea la que nos mueva! Decisión tomada al instante y de corazón, sin apenas tiempo para su razonamiento; iterativa y aproximada, pero efectiva.

Alguno de estos movimientos pueden salir mal; podemos dar un mal paso y sufrir las consecuencias. Podemos tropezar subiendo la escalera, podemos equivocarnos en una encrucijada. Podemos perder todo lo que habíamos conseguido hasta entonces, pero entonces podemos levantarnos de nuevo, curar nuestras heridas y seguir avanzando. Podemos fallar en las distancias cortas —pues toca actuar siempre con diligencia y determinación—, cometiendo errores de cálculo y previsión. Pero todos esos errores son subsanables, no son catastróficos. No persigamos metas lejanas, casi utópicas. Vivimos en el presente, y del futuro sabemos lo justo: que está por venir, nada más.

sábado, 22 de septiembre de 2007

Por favor, no molestar

No hay mayor tormento que el de atender —por mor de una extraña necesidad moral— las relaciones sociales cuando buscamos el aislamiento, la despreocupación total hacia lo que es externo a nuestras vidas, ya suficientemente castigadas por los problemas propios. ¿Quién quiere ver miseria? ¿Quién quiere sentir pena? Los miserables mejor a distancia, lejos del hogar, siempre fuera, preferiblemente separados por el cristal de la pantalla del televisor. ¡Qué suerte que no somos nosotros! No nos podemos quejar, no vivimos bajo la opresión de un régimen fundamentalista, o sumidos en guerras y revoluciones constantes; las mujeres son aquí libres y los niños reciben una educación modélica. Preocupaciones, las justas. Bastante tenemos ya con rendir en el trabajo, en los estudios; con pagar la hipoteca y con llevar adelante nuestra vida. La casa, el coche, las facturas: es ya suficiente.

Esto es lo que hemos elegido: un estilo de vida burgués y de autosatisfacción. A cambio, sacrificamos las relaciones personales, amurallando nuestro entorno ante la amenaza de la problemática ajena, eludiendo toda la complejidad que engendra el contacto humano. Ya no conocemos a nuestros vecinos, ni siquiera a los de la puerta de enfrente. Observamos a través de la ventana del patio de luces sus movimientos, elucubrando acerca de sus hábitos y costumbres, de sus manías, de sus defectos; nunca nada bueno, somos mejores que ellos y nos alegramos de que la vida de nuevo nos sonría.

Y es aquí donde entro yo, El Loco, El Terrorista. Asqueado de esa horrible situación, envenenado por soportar esa terrible actitud. Dispuesto a actuar, a infringir las normas, a violar las costumbres, a derribar lo preestablecido, a enfrentarme a la ética y a la moral. Entraré en todas las casas, allanándolas, desvalijándolas, mancillando sus dormitorios, sumiéndolas en el caos. Os causaré problemas, tantos como me dejéis con vuestra inútil resistencia. Recibiréis de mí todo lo que teméis, ni más ni menos.

Me repudiaréis, me daréis la espalda, negaréis conocerme. Borraréis de vuestras agendas mi teléfono y dirección; renegando de mí, de esa bestia, de esa mala persona, de esa perturbación maligna. De acuerdo, el primer asalto lo ganaréis vosotros. Me habréis echado de vuestras vidas, pero el miedo persistirá en vuestros corazones vacíos hasta el fin.

And I can feel your soul of ice,
You hide yourself behind these lies
You became a creature of masquerade
It's your bleeding heart you hate
You're building a wall of confusion and lies,
Nobody can hear your silent cries
But when you sleep you dream of me
And I kiss you in your dreams...


Blutengel - Soul of Ice

sábado, 1 de septiembre de 2007

Dulce y depresiva

Esta es una noche de quietud forzada. Ya las hordas de turistas han emprendido su viaje de retorno a sus lugares de origen, aunque el buen tiempo, tardío este año, aún permanece y nos obsequia con noches agradables como ésta.

Recorro las inertes calles con mi coche, escuchando complacido la música que me apetece: The Gathering, alguno de sus discos antiguos. La escucho para mitigar temporalmente la horrible pena de la soledad. La voz de Anneke, suave y dulce, actúa como un bálsamo al mismo tiempo que la música me hace flotar, mientras conduzco, despacio, tranquilo. Esta música celestial me proporciona una sensación de agrado, haciendo que mi regreso a casa en la noche sea un momento especial, dichoso.

Llego a casa y escribo esto. Me encuentro muy tranquilo, sosegado. Ahora mis penas parecen haberse marchado, como por acción de una mágica droga. Mañana me despertaré, atacado de nuevo por la misma sensación de vacío de siempre; es muy probable que eso ocurra. Pero tengo más canciones.

There is no place
On the face
Of this earth
Only silence
Is the sound
Of an angel


The Gathering - Great ocean road