Pensamientos de un Aventurero Cósmico.

sábado, 11 de noviembre de 2006

Carta a un dictador muerto

(NOTA: Lo que sigue no va dirigido a ninguna persona en concreto, ni pretende ser una reacción a algún evento conmemorativo reciente. Simplemente es algo que se me ocurrió para expresar, de forma abstracta, que el deseo de libertad finalmente vence a la opresión.)

Estas muerto. ¿Y ahora qué?

En vida fuiste un temible dictador, revolucionario y despiadado. Eras también muy elocuente, pero tus palabras han volado con el viento; ahora no son nada, pues apenas persiste su eco sólo en la mente de unos pocos ignorantes nostálgicos. La gente se congregaba para oir tus discursos, portaba los emblemas de tu régimen y entonaba los cánticos de tu partido hasta la saciedad. ¿Y qué? ¿De que sirve ahora?

¡Fíjate! Mírate bien. Observa como la putrefacción avanza, como tus huesos pronto se quedarán al desnudo dentro de ese féretro en el que tus más acérrimos seguidores te han guardado. ¡Tanto empeño han puesto en embalsamarte para nada! Tu destino es ser polvo.

Y eso es lo único que serás, porque siempre has sido eso: carne en contínuo estado de putrefacción. No hay alma, no hay espíritu. ¿Y tus ideologías? Todo aquello solo era palabrería bonita para embaucar a los más ingenuos. Y para los más avispados disponías de otro método: la violencia.

Pero ahora ya no puedes matar ni una mosca. Estás muerto, no lo olvides. ¿A quién vas a imponer ahora tu fuerza? ¿A quien vas a persuadir ahora con tus discursos sin sentido? Ya no tienes quien te siga el juego. Los pocos que dicen guiarse por tus ideas pronto serán disidentes. Pronto se cambiarán de bando, porque desean vivir libres; están hartos de obedecer tus órdenes sin rechistar. Ahora es su momento. Ahora es nuestro momento. Tu época de gloria ya pasó.

Descansa en paz. Y feliz inexistencia.

martes, 17 de octubre de 2006

Miedo

Tenemos miedo. Miedo a arañas y serpientes, miedo al fracaso, miedo a no saber qué decir, miedo a no conocer lo que nos depara el porvenir, miedo a perderlo todo, miedo a la muerte. Tenemos miedo a un montón de cosas, y eso nos hace infelices.

En ocasiones el miedo nos hace actuar de forma adversa, siendo nuestra respuesta perjudicial. La mejor reacción al problema se ejecuta desde la serenidad, teniendo una visión clara del problema, desde una perspectiva global. Así, la actuación instintiva del miedo nos priva del beneficio final de una acción meditada y suficientemente precavida.

El miedo nos previene de sufrir situaciones peligrosas, y no cabe duda de que actuar de forma temeraria reduciría de forma drástica nuestras esperanzas de salir con vida de muchas situaciones. Cuando no existe la meditación previa, el miedo es el único salvavidas del que podemos echar mano.

Pero lo más grave del miedo es que puede ser utilizado para el beneficio de otros. Muchas veces nos inculcan ese miedo; nos hacen creer que no estamos seguros, que vivimos ante incesantes amenazas y que no se puede confiar en nadie. Así se gesta en las personas ese sentimiento egoísta y desconfiado que finalmente no beneficia a nadie, salvo a aquellos que lo inducen, entre bastidores. Se llevan a cabo maniobras políticas para apoyar guerras con el pretexto de que aquellos a los que se invade suponen una amenaza, un peligro. Se insta a la gente a que se entreguen en cuerpo y alma a la causa de hacer prosperar a una nación a cambio de una pacífica y placentera jubilación, muchos años después.

¿Y qué es una nación? ¿Es realmente tan sólido un estado? Naturalmente, eso es lo que nos dicen. Nos identifican con una nación para que sintamos el orgullo de ser de esa nación. El estado es robusto porque todos nosotros construimos sus murallas, ladrillo a ladrillo. Y eso está bien: todos deseamos una existencia placentera, sin conflictos, sin precariedades, sin inestabilidad. No obstante, la forma que tienen para educarnos en esos valores es el del miedo, y por consiguiente, nace de ahí la desconfianza que desencadena luego todos los conflictos de la Humanidad.

El miedo no es el camino. Ama a tu prójimo: esa es la ley. Todo lo demás es veneno.

lunes, 25 de septiembre de 2006

El dilema del prisionero

Un problema clásico que figura en todos los libros de teoría de juegos es el archiconocido dilema del prisionero. En él se cuestiona la siguiente situación:

Dos personas ingresan en prisión acusadas de cometer un delito del cual no se tienen pruebas suficientes. En la cárcel ambas personas son aisladas e interrogadas por separado, de modo que ninguno de los dos puede conocer el testimonio de su compañero. La cuestión es que si uno de los dos confiesa ---acusando, por tanto, a su cómplice--- queda inmediatamente en libertad, mientras que su compañero asumiría la totalidad de la condena, que asciende a 15 años de prisión. Si ninguno de los dos confiesa, al haber falta de pruebas sólo se les condenaría a 6 meses de prisión por delitos menores tales como posesión ilícita de armas. Si por el contrario confiesan ambos, la pena se reparte, correspondiéndole a cada uno 10 años de cautiverio.

Cada uno de los dos prisioneros, actuando por separado y de forma totalmente egoísta elegirá confesar, por ser ésta la opción con mejores expectativas. Mas no es así, porque al actuar ambos de idéntica forma les corresponde la pena de 10 años de prisión a cada uno.

Es obvio que la opción más favorecedora para los dos sería la de no confesar. Actuar así requiere tener una visión del problema desde la perspectiva del conjunto, favoreciendo a ambas partes como un todo. Pero no siempre disponemos de esa visión global y ni mucho menos nos mueve el afán cooperativo para lograr el bien de la comunidad.

miércoles, 20 de septiembre de 2006

Fallen Angel (IV)

Nacemos libres, pero indefensos. El entorno nos condiciona para protegernos; nos da amparo a cambio de un poco de nuestra libertad. Desde pequeños recibimos una educación que nos da valiosos consejos para vivir la vida, pero a veces se sufren daños colaterales.

La educación que recibimos no es ni mucho menos imparcial. Nos bautizan con creencias, nos visten con nacionalismos y nos arropan con sentimientos patrióticos. Simplemente por el hecho de haber venido al mundo dentro de un país o una etnia se nos inculcan toda clase de sentimientos de arraigo hacia una fe o una patria. Pero todos ellos son sentimientos falsos, porque no salen del corazón.

Toda esa educación lleva, de forma totalmente intrínseca y subliminal, la impronta de ese espíritu patriótico cuyo objetivo es el de mantener bien unidos a los miembros de un determinado colectivo. Esa unidad ---a la que a veces llamamos nación, religión, etc.--- se hace sólida a base de ensalzar de forma reiterada los valores o símbolos que la identifican. Himnos y banderas son expuestos delante de las personas para que las personas asocien, de forma casi involuntaria, estos emblemas con la sensación de protección que buscan y obtienen de todo esto.

¿Y qué pasaría si todas las personas ejerciesen un pensamiento independiente?

We don't need no education.
We don't need no thought control.
No dark sarcasm in the classroom.
Teacher, leave those kids alone.
Hey, teacher, leave those kids alone!
All in all it's just another brick in the wall.
All in all you're just another brick in the wall.

(Pink Floyd - Another brick in the wall)

miércoles, 30 de agosto de 2006

Opiáceos Chungos

Ya no es la primera vez que me encuentro con ciertas personas, aficionadas al fútbol, que por el mero hecho de ser forofas del Real Madrid repudian todo lo catalán (y viceversa para fans del Barça, supongo). Menuda panda de borregos.

Resulta cuanto menos curioso observar el comportamiento de la gente en materia de creencias y nacionalismos. Parece ser que la gran mayoría necesita de un ente supremo la protección y la seguridad que por si mismos son incapaces de desarrollar. Algunos recurren a Dios para que les proteja y les guíe, otros utilizan a los políticos a modo de diana para disparar contra ellos todas sus frustraciones y otros se unen al torrente de fanáticos que se congregan en un estadio de fútbol para ver a «su» equipo en acción.

Cuando el equipo gana, el aficionado se llena de euforia y lo festeja por todo lo alto; cuando pierde, llega incluso a deprimirse. El forofo se siente identificado con el equipo. Esto es así porque dicha persona anhela la sensación de triunfo e intuye muy costoso el tratar de conseguirla por méritos propios. Resulta más fácil ser seguidor de un determinado equipo de fútbol ---preferiblemente de uno bueno--- y compartir así su éxito en el campo de juego.

Pero el detalle más absurdo ---a la vez que preocupante--- de todo esto es la existencia de rivalidades eternas entre equipos, incluso más allá del terreno de juego. En este estúpido país uno casi está obligado a ser seguidor o bien del Real Madrid o bien del Barça, sin cabida para una opción indiferente. También se dan los casos, más en el ámbito regional, de los derbis locales. ¿De qué sirve este enfrentamiento?

jueves, 24 de agosto de 2006

Fallen Angel (III)

Anochece, y salen a la calle niños y niñas con extravagantes vestiduras, creyéndose mayores, jugando a ser mayores. Beben, ríen, juegan, se propasan, viven intensamente. Su vida es una fiesta continuada. Son las nuevas generaciones, sangre nueva, corazones palpitantes en busca de nuevas emociones.

Mientras tanto, los sufridos padres y abuelos permanecen en sus casas, tragándose toda la bazofia que algún telediario sensacionalista vomita día tras día. Ellos se lamentan de la degeneración de las que ellos consideran buenas costumbres. Se quejan de que sus vástagos no sean ni la mitad de respetuosos de lo que ellos deseaban.

Pero todo esto es pura apariencia. Estos torbellinos de hormonas alzan ahora la bandera del inconformismo, oponiéndose a la tradición de sus progenitores. Pero no han de tardar en mostrarse como realmente son, pues por sus venas corre la misma sangre que por la de sus mayores. Toda la vida han convivido con ellos y, por ende, han compartido las costumbres de su entorno desde que tienen uso de razón.

Es entonces, a modo de ejemplo, inevitable que tras la máscara del feminismo surjan chicas arraigadas en las costumbres machistas de siempre, dispuestas a vivir para servir a su marido. Es, por ende, recíprocamente equivalente el caso que atañe a los chicos. Estos pasarán a ser venerables cabezas de familia, responsables del mantenimiento de la unidad familiar. No nos engañemos; lo único que existe en estos chicos es un rebote transitorio de los hijos hacia los padres, que se extinguirá a medida que estos jóvenes adquieren más responsabilidades en la vida. Se oponen de palabra a su modelo, pero cierto es que su resistencia es fútil.

Mucha gente no se cuestiona la posibilidad de seguir su propio estilo de vida. Pensar por uno mismo no es tarea fácil: implica preocupaciones y responsabilidades. Si una persona decide crear su propia escala de valores y actuar en consecuencia ---en lugar de aceptar sin más los esquemas tradicionales--- debe saber que se enfrenta a una ardua tarea.

En la vida aprendemos muchas normas; algunas están bien y otras no nos parecen tan justas. No obstante, hay gente que las acata sin más, sin plantearse si quiera si dichas normas son de su agrado. Que conste que no se trata de oponerse sin más a lo que dicten aquellos que mandan, sino más bien de ver todo esto desde un punto de vista más crítico. Es más, muchas de las normas existentes en nuestra sociedad pueden servirnos de referencia para establecer nuestra propia escala de valores; son años de sabiduría adquiridos de forma casi instantánea, un legado cuyo valor merece la pena considerar. Otras normas, sin embargo, nos parecerán ridículas al aplicar nuestro criterio, y seguramente por eso acabaremos descartándolas.

En el viaje hacia la libertad, debemos usar nuestro corazón como brújula, y la sabiduría de nuestros mayores como mapas. No queremos que elijan por nosotros. Nosotros escogemos nuestro destino, pero no podemos alcanzarlo a ciegas.

In me there's still a place that fulfils me
A sanctity here that I call home, I run to
When winter descends
If I try, can I find solid ground.

(Epica - Solitary Ground)

viernes, 4 de agosto de 2006

Fallen Angel (II)

La libertad tiene un precio, a veces demasiado alto. Muchos optarán por no pagar tan desorbitado tributo y aceptarán su destino, afanándose en las tareas que le han sido encomendadas en la vida. Para muchos, resulta más fácil aceptar las condiciones que se le imponen, rendir pleitesía a quien corresponda y no preocuparse de nada más.

No obstante, existe una minoría de insurgentes que quieren decidir por si mismos y no estar subordinados a nada ni a nadie. Deciden abandonar el cielo y forjar su propio camino a través de los yermos de la incertidumbre.

En el cielo deben respetarse muchas normas; su perfección viene dada precisamente por esa falta de holgura, esa poca variedad de opciones. Por otra parte, cada alma es un mundo lleno de recovecos con complejidad fractal que representan todas y cada una de sus peculiaridades, de sus gustos y preferencias.

Como personas, somos todos diferentes. La idea de que somos todos iguales es una falacia creada del abuso de los derechos humanos. Está bien que todos tengamos oportunidades en la vida y que nadie trate a nadie de forma degradante. Pero no estamos hablando de derechos fundamentales como el derecho a la vida (mismamente), estamos llegando un poco más lejos: la realización personal.

No se pueden si quiera comparar las ambiciones de unas personas con otras. Mientras algunos desean llegar alto en la vida y tener un papel relevante en el ejercicio de la convivencia con sus semejantes, otros sin embargo se conforman con llevar una vida digna en el anonimato. Hay gente que prefiere llevar una vida llena de dinamismo, en la cual cambie constantemente de lugar de residencia, de trabajo e incluso de hábitos. Otros, sin embargo, renuncian a eso porque no les resulta atractivo y porque prefieren una vida más estable, tanto a nivel profesional como emocionalmente. Mientras unos desean unas cosas, otros desean justo las contrarias; y la casuística de situaciones diferentes es de explosión combinatoria.

Sería fácil imaginar una sociedad totalmente anárquica, donde todos sus integrantes no muestren dependencia alguna de otros indivíduos. No obstante, no es esa la solución definitiva. Si algo nos ha hecho sobrevivir a las duras pruebas que la Naturaleza reserva a todas las especies animales a lo largo de su evolución es el saber convivir en sociedad. El ser humano ha sabido, a lo largo de su historia, cooperar codo con codo para alcanzar logros imposibles para un sólo indivíduo. Es necesario, por tanto, crear sociedades y regular éstas mediante normas. Cuestión de supervivencia.

Pero la elección de las normas para una sociedad no es tarea trivial. A lo largo de la historia hemos vivido tristemente como diversos regímenes políticos se venían abajo. Las dictaduras se veían obligadas a recurrir a la fuerza para mantenerse vivas. Incluso la democracia se cae por su propio peso tratando de "imponer" una única solución ---supuestamente la mejor--- para todos. Una sociedad de indivíduos libres, ¿es posible?.

I arrived to breed the sunshine by the night.
I found a way to leave the nightmare so I can receive the light.
Yes, I arrived; follow if you like.
You know that freedom has a price, my friend,
pay or not now.

(The Count - Lost)