Yo vuelvo a mi cuarto alquilado en el convento. Intento leer un libro, enciendo el televisor para ver los mismos programas de siempre, coloco el despertador para despertarme exactamente a la misma hora que el día anterior, repito mecánicamente las tareas que me son confiadas en la biblioteca. Como el sándwich en el jardín frente al teatro sentada en el mismo banco, junto con otras personas que también escogen los mismos bancos para almorzar, que tienen la misma mirada vacía, pero fingen estar ocupadas con cosas importantísimas.
Después vuelvo al trabajo, escucho algunos comentarios sobre quién está saliendo con quién, quién está sufriendo tal cosa, cómo tal persona lloró por culpa del marido, y me quedo con la sensación de que soy bonita, tengo empleo y consigo el amante que quiero. Después regreso a los bares hacia el fin del día y después todo vuelve a empezar.
Mi madre (que debe estar preocupadísima por mi intento de suicidio) se recuperará del susto y continuará preguntándome qué voy a hacer de mi vida, porque no soy igual a las otras personas, ya que, al fin y al cabo, las cosas no son tan complicadas como yo pienso que son. «Fíjate en mí, por ejemplo, que llevo años casada con tu padre y procuré darte la mejor educación y los mejores empleos posibles.»
Un día me canso de oírle repetir siempre lo mismo y, para contentarla, me caso con un hombre a quien yo misma me impongo amar. Ambos terminaremos encontrando una manera de soñar juntos con nuestro futuro, la casa de campo, los hijos, el futuro de nuestros hijos. Haremos mucho el amor el primer año, menos el segundo, a partir del tercero quizás pensaremos en el sexo una vez cada quince días y transformaremos ese pensamiento en acción apenas una vez al mes. Y, peor que eso, apenas hablaremos. Yo me esforzaré por aceptar la situación, y me preguntaré en qué he fallado, ya que no consigo interesarlo, no me presta la menor atención y vive hablando de sus amigos como si fuesen realmente su mundo.
Cuando el matrimonio esté sostenido apenas por un hilo, me quedaré embarazada. Tendremos un hijo, pasaremos algún tiempo más próximos uno del otro y pronto la situación volverá a ser como antes.
Entonces empezaré a engordar como la tía de la enfermera de ayer, o de días atrás, no sé bien. Y empezaré a hacer régimen, sistemáticamente derrotada cada día, cada semana, por el peso que insiste en aumentar a pesar de todo el control. A estas alturas, tomaré algunas drogas mágicas para no caer en la depresión y tendré algunos hijos en noches de amor que pasan demasiado de prisa. Diré a todos que los hijos son la razón de mi vida, pero, en verdad, ellos exigen mi vida como razón.
La gente nos considerará siempre una pareja feliz y nadie sabrá lo que existe de soledad, de amargura, de renuncia, detrás de toda esa apariencia de felicidad.
Hasta que un día, cuando mi marido tenga su primera amante, yo tal vez protagonice un escándalo como el de la tía de la enfermera, o piense nuevamente en suicidarme. Pero entonces ya seré vieja y cobarde, con dos o tres hijos que necesitan mi ayuda, y debo educarlos, colocarlos en el mundo, antes de ser capaz de abandonar todo. Yo no me suicidaré: haré un escándalo, amenazaré con irme con los niños. Él, como todos los hombres, retrocederá, dirá que me ama y que aquello no volverá a repetirse. Nunca se le pasará por la cabeza que, si yo resolviese realmente irme, la única elección posible sería la de casa de mis padres, y quedarme allí el resto de la vida teniendo que escuchar todos los días a mi madre lamentándose porque perdí una oportunidad única de ser feliz, que él era un excelente marido a pesar de sus pequeños defectos y que mis hijos sufrirán mucho por causa de la separación.
Dos o tres años después, otra mujer aparecerá en su vida. Yo lo descubriré (porque lo veré o porque alguien me lo contará), pero esta vez fingiré ignorarlo. Gasté toda mi energía luchando contra la amante anterior, no sobró nada, es mejor aceptar la vida tal como es en realidad y no como yo la imaginaba. Mi madre tenía razón.
Él seguirá siendo amable conmigo, yo continuaré mi trabajo en la biblioteca, con mis sándwiches en la plaza del teatro, mis libros que nunca consigo terminar de leer, los programas de televisión que continuarán siendo los mismos de aquí a diez, veinte o cincuenta años.
Sólo que comeré los sándwiches con sentimiento de culpa, porque estoy engordando; y ya no iré a bares, porque tengo un marido que me espera en casa para cuidar a los hijos.
A partir de ahí, todo se reduce a esperar a que los chicos crezcan y pensar todos los días en el suicidio, sin valor para llevarlo a cabo. Un buen día, llego a la conclusión de que la vida es así, de que es inútil rebelarse, de que nada cambiará. Y me conformo.
Pensamientos de un Aventurero Cósmico.
miércoles, 15 de agosto de 2007
Rutina
Leí, hace algún tiempo, una novela titulada «Veronika decide morir», de Paulo Coelho. A pesar de lo contundente que es el título, esta obra es, en realidad, un canto a la vida, a las vivencias más intensas y emocionantes. Recomiendo su lectura a todos aquellos que empiezan a notar en su vida cómo la rutina comienza a destruir todo encanto y placer. A continuación, reproduzco literalmente un pensamiento —enunciado en clave de resignación— que la protagonista tiene tras su tentativa de suicidio.
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lecturas
miércoles, 1 de agosto de 2007
Noches de verano
Comienzo mis vacaciones y comienza a llover. ¡Vaya un verano atípico éste! Pero lo cierto es que me da igual; ni esto me impide disfrutar de mi tiempo ni ha de llover para siempre. Espero que, por lo menos, sea éste un año libre de incendios forestales.
No puedo negar que prefiera el buen tiempo, el cual me permite llevar a cabo actividades al aire libre que con tiempo lluvioso son incómodas o, directamente, imposibles. Necesito días largos y soleados para cargarme de optimismo, para aliviar las penas del crudo invierno que ya dejamos atrás. Quiero disfrutar de las agradables noches de verano al aire libre, tranquilo y relajado; apreciando las fragancias de las flores nocturnas cuando paso cerca de algún jardín o hundiendo mis pies en la suave y fina arena de alguna playa, plateada por la luz de la luna.
Mucho me apetece tumbarme de noche en la playa y observar desde allí el firmamento, viendo como miles de estrellas en la negra bóveda rielan sin cesar. Es ése un momento de absoluta calma —muy deseable para olvidarse un poco del ajetreo cotidiano— y adecuado para compartir con las personas queridas. Sugerencias para esas noches mágicas son la caza de estrellas fugaces —que bien es cierto que conceden los deseos pedidos al ser vistas si realmente éstos provienen del corazón—, un picnic nocturno o cualquier otra actividad destinada al relax; el objetivo es olvidarse por un momento de las preocupaciones.
A propósito de las estrellas fugaces, cabe mencionar que en la noche del 12 de agosto tiene lugar todos los años la lluvia de meteoros de las Perseidas, conocida también como las lágrimas de San Lorenzo. Es ésta una buena ocasión para reunirse en un lugar tranquilo y poco iluminado —por ejemplo, una playa— y disfrutar del «espectáculo».
No puedo negar que prefiera el buen tiempo, el cual me permite llevar a cabo actividades al aire libre que con tiempo lluvioso son incómodas o, directamente, imposibles. Necesito días largos y soleados para cargarme de optimismo, para aliviar las penas del crudo invierno que ya dejamos atrás. Quiero disfrutar de las agradables noches de verano al aire libre, tranquilo y relajado; apreciando las fragancias de las flores nocturnas cuando paso cerca de algún jardín o hundiendo mis pies en la suave y fina arena de alguna playa, plateada por la luz de la luna.
Mucho me apetece tumbarme de noche en la playa y observar desde allí el firmamento, viendo como miles de estrellas en la negra bóveda rielan sin cesar. Es ése un momento de absoluta calma —muy deseable para olvidarse un poco del ajetreo cotidiano— y adecuado para compartir con las personas queridas. Sugerencias para esas noches mágicas son la caza de estrellas fugaces —que bien es cierto que conceden los deseos pedidos al ser vistas si realmente éstos provienen del corazón—, un picnic nocturno o cualquier otra actividad destinada al relax; el objetivo es olvidarse por un momento de las preocupaciones.
A propósito de las estrellas fugaces, cabe mencionar que en la noche del 12 de agosto tiene lugar todos los años la lluvia de meteoros de las Perseidas, conocida también como las lágrimas de San Lorenzo. Es ésta una buena ocasión para reunirse en un lugar tranquilo y poco iluminado —por ejemplo, una playa— y disfrutar del «espectáculo».
Tragedienne of heavens
Watching the eyes of the night
Sailing the virgin oceans
A Planetride for Mother and Child
Nightwish - Stargazers
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sentimientos
miércoles, 11 de julio de 2007
Wanderlust (IX)
Nuestra aventura llega aquí a su término. En el último día de nuestro periplo tocaba dirigirse al aeropuerto de Hahn para coger un vuelo hacia nuestra tierra. Habíamos pasado la noche en Saarbrücken, en la casa de un amigo, de modo que en la mañana de este último día regresamos al aeropuerto que en la tarde del día anterior habíamos dejado para hacer un poco más intensa nuestra particular odisea.
Nuevamente recorrimos verdes prados y bosques negros, característicos del país en el que estábamos. De nuevo la Autobahn. Más prados y bosques, también bellísimos pueblos. Finalmente llegamos al aeropuerto y nos embarcamos en nuestro avión. Un par de horas después ya pisábamos tierra patria. La primera sensación que yo tuve al llegar fue de tristeza; ya no iba a ver más cosas extraordinarias, ya no iba a sentir la excitación que produce descubrir cosas nuevas. Luego me sentí bastante mejor; ya estábamos en casa.
Y acaba aquí este maravilloso viaje que unos amigos y yo realizamos hace un año exactamente. Satisfacíamos así nuestras ansias de viajar, aunque fuese tan sólo temporalmente. Habíamos estado en muchos lugares diferentes, viendo un montón de cosas, experimentando nuevas sensaciones.
Creo firmemente que el anhelo de viajar es algo inherente al ser humano. Desde tiempos inmemoriales, los grandes viajes han sido motivados por la necesidad de procurar un mejor hábitat y tierras fértiles. Hoy en día esas causas han dejado de tener peso o validez, pero sigue latente ese espíritu aventurero en el corazón de hombres y mujeres. Hoy en día, ese deseo de conocer nuevos horizontes sirve a un interés más espiritual y elevado: unir a las personas de todas las razas y etnias.
El viajero experimenta, cuando recorre el mundo, el contacto con otras culturas. Esto es un intensísimo proceso de aprendizaje en vivo, mediante el cual el individuo adquiere una conciencia global, universal, ampliando su visión del mundo. Las personas que buscan conocer culturas diferentes a las suyas para así hacer medrar su conocimiento encuentran todas las respuestas que buscan en sus viajes. Este interés por lo foráneo, por lo atípico, surge como un vivo deseo de responder a las tantas dudas con las que el ser humano nace. Citando a Carlo Goldoni, cabe decir que el que no ha salido jamás de su país está lleno de prejuicios. Por eso creo que buscar nuevos horizontes es en realidad buscar nuevas respuestas.
Nuevamente recorrimos verdes prados y bosques negros, característicos del país en el que estábamos. De nuevo la Autobahn. Más prados y bosques, también bellísimos pueblos. Finalmente llegamos al aeropuerto y nos embarcamos en nuestro avión. Un par de horas después ya pisábamos tierra patria. La primera sensación que yo tuve al llegar fue de tristeza; ya no iba a ver más cosas extraordinarias, ya no iba a sentir la excitación que produce descubrir cosas nuevas. Luego me sentí bastante mejor; ya estábamos en casa.
Y acaba aquí este maravilloso viaje que unos amigos y yo realizamos hace un año exactamente. Satisfacíamos así nuestras ansias de viajar, aunque fuese tan sólo temporalmente. Habíamos estado en muchos lugares diferentes, viendo un montón de cosas, experimentando nuevas sensaciones.Creo firmemente que el anhelo de viajar es algo inherente al ser humano. Desde tiempos inmemoriales, los grandes viajes han sido motivados por la necesidad de procurar un mejor hábitat y tierras fértiles. Hoy en día esas causas han dejado de tener peso o validez, pero sigue latente ese espíritu aventurero en el corazón de hombres y mujeres. Hoy en día, ese deseo de conocer nuevos horizontes sirve a un interés más espiritual y elevado: unir a las personas de todas las razas y etnias.
El viajero experimenta, cuando recorre el mundo, el contacto con otras culturas. Esto es un intensísimo proceso de aprendizaje en vivo, mediante el cual el individuo adquiere una conciencia global, universal, ampliando su visión del mundo. Las personas que buscan conocer culturas diferentes a las suyas para así hacer medrar su conocimiento encuentran todas las respuestas que buscan en sus viajes. Este interés por lo foráneo, por lo atípico, surge como un vivo deseo de responder a las tantas dudas con las que el ser humano nace. Citando a Carlo Goldoni, cabe decir que el que no ha salido jamás de su país está lleno de prejuicios. Por eso creo que buscar nuevos horizontes es en realidad buscar nuevas respuestas.
It's not the end
Not the kingdom come
It is the journey that matters, the distant wanderer
Call of the wild
In me forever and ever and ever forever
Wanderlust
Nightwish - Wanderlust
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viajar
martes, 10 de julio de 2007
Wanderlust (VIII)
Llegamos ya al penúltimo día de nuestro viaje. Esa mañana dejamos atrás Oslo para emprender el viaje de regreso a nuestra tierra. Por otra parte, nuestra amiga «la finlandesa» regresaría a Helsinki. Sería esa una mañana de vuelos para todos.
De nuevo éramos las cuatro personas de origen. Volamos ese día desde Oslo hasta Hahn (Alemania), lugar en el que ya habíamos estado antes. Nuevamente nos tocaba una larga espera para tomar el siguiente vuelo, y como en ese lugar —prácticamente rural— no hay muchas diversiones para un grupo de aventureros como el nuestro, decidimos de nuevo movilizarnos.
Volvimos a alquilar un coche por un día, pero esta vez visitamos un lugar diferente: la ciudad de Saarbrücken, próxima a la frontera con Francia y Luxemburgo. Lejos de haber elegido esta ciudad de forma totalmente arbitraria, los que nos llevó hasta allí fue el repentino anhelo de visitar a un amigo que allí residía por aquel entonces. Avisamos a ese compañero en el mismo día y éste nos acogió en su casa.
Ir a Saarbrücken supuso el mayor reto de los experimentados durante el viaje, debido a las diferencias idiomáticas. Por ser zona fronteriza con Francia, la gente de esa zona apenas habla el inglés. Tuvimos que defendernos con las cuatro palabras de alemán y las otras tantas de francés que conocíamos. Pero llegamos, y todo salió a pedir de boca. Además, ya en el lugar, contábamos con la ayuda de nuestro amigo, quien hablaba con soltura el alemán.
De nuevo éramos las cuatro personas de origen. Volamos ese día desde Oslo hasta Hahn (Alemania), lugar en el que ya habíamos estado antes. Nuevamente nos tocaba una larga espera para tomar el siguiente vuelo, y como en ese lugar —prácticamente rural— no hay muchas diversiones para un grupo de aventureros como el nuestro, decidimos de nuevo movilizarnos.
Volvimos a alquilar un coche por un día, pero esta vez visitamos un lugar diferente: la ciudad de Saarbrücken, próxima a la frontera con Francia y Luxemburgo. Lejos de haber elegido esta ciudad de forma totalmente arbitraria, los que nos llevó hasta allí fue el repentino anhelo de visitar a un amigo que allí residía por aquel entonces. Avisamos a ese compañero en el mismo día y éste nos acogió en su casa.Ir a Saarbrücken supuso el mayor reto de los experimentados durante el viaje, debido a las diferencias idiomáticas. Por ser zona fronteriza con Francia, la gente de esa zona apenas habla el inglés. Tuvimos que defendernos con las cuatro palabras de alemán y las otras tantas de francés que conocíamos. Pero llegamos, y todo salió a pedir de boca. Además, ya en el lugar, contábamos con la ayuda de nuestro amigo, quien hablaba con soltura el alemán.
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lunes, 9 de julio de 2007
Wanderlust (VII)
Noruega es tierra de vikingos. Nuestro viaje no podía omitir de ninguna manera el acercamiento a la cultura vikinga, y por ese motivo reservamos la mañana del 9 de julio de 2006 para visitar el museo vikingo, en Oslo.Aunque era posible acudir a dicho museo por tierra, andando, nosotros optamos por acercarnos a dicho sitio por mar. Así, cruzamos la bahía en un pequeño y viejo barco de pasaje, eludiendo el extenso rodeo que tendríamos que dar de haber ido por tierra.
El museo vikingo es pequeño y se puede ver en poco tiempo. El su interior se encuentran expuestos muchos restos arqueológicos, con las correspondientes explicaciones acerca de sus usos y su procedencia. Como nos sobró el tiempo tras la visita cultural, dedicamos la tarde de ese día —el último que pasábamos en Noruega— al descanso.
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domingo, 8 de julio de 2007
Wanderlust (VI)

El siguiente punto de nuestro itinerario era Oslo. En la mañana del 8 de julio de 2006 nos subimos al tren que nos llevaría a la capital de Noruega, atravesando verdes paisajes de montaña, salpicados éstos de nieve y lagunas. La travesía en tren duró unas 6 horas, lo que la convierte en el trayecto de mayor duración de todos los practicados en nuestro viaje. Mas debo decir que la calidad y el confort de los trenes noruegos hizo de ese viaje algo llevadero.Llegamos a Oslo a primera hora de la tarde y buscamos nuestro alojamiento. Dejamos allí nuestros bártulos y nos fuimos a explorar la ciudad. Comenzamos a caminar, callejero en mano, y llegamos a un curioso parque (Vigeland) lleno de figuras sumamente eróticas, obscenas, sugerentes. Cientos de ellas. Vimos también el Palacio Real, algunas embajadas y otros edificios emblemáticos. Al final de la tarde, reparamos en que habíamos recorrido gran parte de la ciudad; Oslo no es una ciudad muy grande.
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sábado, 7 de julio de 2007
Wanderlust (V)
La orografía noruega es única en el mundo y accidentada como pocas. Cientos, miles de recovecos tiene su costa, en forma de lenguas de mar que penetran en las montañas varios kilómetros. Sin duda, se trata de un paisaje cuya belleza no tiene parangón; digno de ser visto: hablo de los fiordos noruegos.
Fiordos hay muchos a lo largo de toda la costa noruega, y algunos son especialmente bellos. Decidimos visitar el fiordo que lleva por nombre Sognefjord (Fiordo de los Sueños), y un afluente de éste, llamado Nærøyfjord. El Sognefjord es uno de los más largos fiordos del mundo, y su afluente se caracteriza por ofrecer un paisaje capaz de cortar la respiración; un estrecho canal de agua flanqueado por altísimas montañas.
La excursión a los fiordos tenía su punto de partida en la estación de ferrocarril de Bergen. Allí tomaríamos un tren que nos conduciría a la localidad de Myrdal, situada a más de 800 m. de altitud y acunada en un bucólico paisaje de montaña. Desde ese lugar partiría un nuevo tren hacia Flåm, haciendo un recorrido de apenas 20 km y descendiendo hasta los 2 m sobre el nivel del mar por desfiladeros y túneles. Vale decir que esta obra de ingeniería —conocida como Flåmsbana (tren de Flåm)— es orgullo del pueblo noruego, por los retos que entrañó su construcción a mediados del siglo XX.
Flåm es uno de los lugares más pintorescos que he visto en mi vida. Está situado en un valle, entre altas montañas, donde el curso de un pequeño río desemboca en el Sognefjord. Allí debíamos esperar para embarcarnos en un pequeño crucero por el fiordo. Dicho crucero recorría el Sognefjord dejando a ambos lados verdísimas paredes de montaña adornadas con delgados saltos de agua; un paisaje singular que combinaba escarpadas montañas, mar, ríos y praderas. Llegados a un punto de la travesía, el barco se desvió por el Nærøyfjord para, finalmente, atracar en Gudvangen.
De Gudvangen fuimos —ya de regreso— a Myrdal en autobús, recorriendo carreteras que serpentean entre las montañas, ascendiendo por ellas con pendientes imposibles. En Myrdal nos esperaba el tren que nos llevaría de nuevo a Bergen. Rematamos nuestra excursión a los fiordos echando un último vistazo a aquellas impresionantes vistas. Estábamos exhaustos.
El día siguiente lo dedicamos a conocer un poco la cuidad en la que estábamos. Dimos un agradable paseíto matinal por el mercado del puerto, recorriendo los diversos puestos de pescado y fruta. Carnes de ballena y salmón, fresas —las más ricas que he probado— y muchas cosas más. Por la tarde y por la noche recorrimos algunas calles que no habíamos visto de la ciudad. Era éste el último día que pasábamos en Bergen, pues al día siguiente, temprano, de mañana, abandonaríamos este lugar para dirigirnos en tren al próximo destino.
Fiordos hay muchos a lo largo de toda la costa noruega, y algunos son especialmente bellos. Decidimos visitar el fiordo que lleva por nombre Sognefjord (Fiordo de los Sueños), y un afluente de éste, llamado Nærøyfjord. El Sognefjord es uno de los más largos fiordos del mundo, y su afluente se caracteriza por ofrecer un paisaje capaz de cortar la respiración; un estrecho canal de agua flanqueado por altísimas montañas.
La excursión a los fiordos tenía su punto de partida en la estación de ferrocarril de Bergen. Allí tomaríamos un tren que nos conduciría a la localidad de Myrdal, situada a más de 800 m. de altitud y acunada en un bucólico paisaje de montaña. Desde ese lugar partiría un nuevo tren hacia Flåm, haciendo un recorrido de apenas 20 km y descendiendo hasta los 2 m sobre el nivel del mar por desfiladeros y túneles. Vale decir que esta obra de ingeniería —conocida como Flåmsbana (tren de Flåm)— es orgullo del pueblo noruego, por los retos que entrañó su construcción a mediados del siglo XX.
Flåm es uno de los lugares más pintorescos que he visto en mi vida. Está situado en un valle, entre altas montañas, donde el curso de un pequeño río desemboca en el Sognefjord. Allí debíamos esperar para embarcarnos en un pequeño crucero por el fiordo. Dicho crucero recorría el Sognefjord dejando a ambos lados verdísimas paredes de montaña adornadas con delgados saltos de agua; un paisaje singular que combinaba escarpadas montañas, mar, ríos y praderas. Llegados a un punto de la travesía, el barco se desvió por el Nærøyfjord para, finalmente, atracar en Gudvangen.De Gudvangen fuimos —ya de regreso— a Myrdal en autobús, recorriendo carreteras que serpentean entre las montañas, ascendiendo por ellas con pendientes imposibles. En Myrdal nos esperaba el tren que nos llevaría de nuevo a Bergen. Rematamos nuestra excursión a los fiordos echando un último vistazo a aquellas impresionantes vistas. Estábamos exhaustos.
El día siguiente lo dedicamos a conocer un poco la cuidad en la que estábamos. Dimos un agradable paseíto matinal por el mercado del puerto, recorriendo los diversos puestos de pescado y fruta. Carnes de ballena y salmón, fresas —las más ricas que he probado— y muchas cosas más. Por la tarde y por la noche recorrimos algunas calles que no habíamos visto de la ciudad. Era éste el último día que pasábamos en Bergen, pues al día siguiente, temprano, de mañana, abandonaríamos este lugar para dirigirnos en tren al próximo destino.
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